Reencarnación según la Teosofía Original: quién reencarna y por qué

 




Introducción

La palabra reencarnación se ha vuelto familiar en Occidente, pero familiaridad no significa comprensión. Se puede aceptar la idea de que hemos vivido antes y, sin embargo, seguir sin responder a las preguntas esenciales: ¿quién es exactamente el que vuelve?, ¿qué muere?, ¿qué permanece?, ¿por qué olvidamos nuestras vidas anteriores?, ¿qué relación existe entre nuestras experiencias actuales y las vidas futuras?

Para H.P.Blavatsky y William Q. Judge, estas preguntas son mucho más importantes que la simple creencia en vidas pasadas. La Reencarnación no es una curiosidad sobre quién fuimos anteriormente. Es una ley de la existencia, inseparable del Karma y de la evolución espiritual.

HPB llegó a denominarla la «doctrina de esperanza», mientras que al Karma lo presentó como la «doctrina de responsabilidad». Juntas ofrecen una visión radicalmente distinta de la vida: ninguna experiencia sería completamente aislada y ninguna existencia constituiría toda la historia de un ser humano.

No reencarna la personalidad

Uno de los errores más frecuentes consiste en imaginar que la persona que somos actualmente volverá exactamente igual en otro cuerpo.

Para la Teosofía Original, no es así.

Nuestro cuerpo cambia constantemente. También cambian nuestras opiniones, emociones, recuerdos, deseos e incluso nuestra personalidad. Sin embargo, existe una continuidad de identidad que atraviesa todos esos cambios.

William Q. Judge denomina a esa realidad profunda el Hombre Real, constituido por Atma-Buddhi-Manas.

Atma representa el principio espiritual universal; Buddhi, la capacidad espiritual de discernimiento e intuición; y Manas, la mente, mediante la cual el Ego obtiene experiencia y se relaciona con el mundo.

La personalidad que conocemos actualmente es, en cambio, temporal.

Podríamos compararla con un instrumento. El músico no es el instrumento que utiliza, aunque necesita de él para producir música. Del mismo modo, el Ego necesita un cuerpo, un cerebro y una personalidad para experimentar en el mundo físico.

Cuando ese instrumento deja de funcionar, el músico no desaparece.

La muerte no es el final del hombre real

Desde esta perspectiva, la muerte significa la desintegración de los vehículos inferiores, no la desaparición del Ego.

Judge explica en El Océano de la Teosofía que los componentes inferiores de la naturaleza humana se separan después de la muerte. El cuerpo físico deja de funcionar y sus elementos regresan a la naturaleza.

Pero el Hombre Real continúa.

La muerte es, por tanto, una transición dentro de un proceso mucho más extenso.

La Teosofía describe además distintos estados posteriores a la muerte. Durante ese proceso, el Ego asimila la esencia de la existencia recién terminada. Judge compara implícitamente este proceso con la naturaleza: así como un árbol pierde sus hojas durante el invierno pero conserva en la semilla la esencia necesaria para un nuevo crecimiento, el Ego conserva aquello que puede ser asimilado de una vida antes de iniciar otra.

¿Por qué volvemos a encarnar?

La respuesta teosófica es profundamente evolutiva.

Una sola vida sería insuficiente para desarrollar todas las capacidades latentes en el ser humano.

Cada existencia proporciona determinadas condiciones: una familia, una cultura, unas capacidades, unas dificultades, unas relaciones y determinadas oportunidades.

No todas las aspiraciones pueden realizarse en una sola vida. No todos los errores pueden corregirse. No todas las capacidades pueden desarrollarse completamente.

La Reencarnación proporciona continuidad.

Una vida prepara las condiciones de otra; una experiencia puede convertirse en comprensión; una dificultad puede transformarse en fortaleza; una tendencia egoísta puede ser reconocida y finalmente superada.

Así, el propósito no sería regresar simplemente para repetir la existencia, sino continuar una evolución que una sola personalidad no puede completar.

El verdadero progreso

Para Judge, evolucionar no significa solamente adquirir más información.

El verdadero progreso consiste en ampliar la capacidad de percibir, comprender y actuar correctamente.

Esto explica por qué dos personas pueden poseer conocimientos similares y, sin embargo, manifestar grados muy diferentes de sabiduría.

La Teosofía sostiene que la experiencia acumulada a través de muchas vidas deja su huella en la naturaleza interior. Lo que hoy aparece como talento, intuición, sensibilidad o capacidad excepcional puede interpretarse, dentro de este sistema, como expresión de experiencias anteriormente adquiridas.

HPB relacionó también el genio con la capacidad del organismo físico y del cerebro para transmitir la luz del Hombre Interior, capacidad que estaría condicionada por el Karma.

El instrumento cambia.

El Ego continúa.

Entonces, ¿por qué no recordamos nuestras vidas anteriores?

Esta pregunta parece sencilla, pero contiene una confusión fundamental.

Si el cerebro de una encarnación desaparece con el cuerpo, la memoria cerebral correspondiente tampoco puede trasladarse literalmente a otro organismo.

Por eso HPB explica en La Clave de la Teosofía que esperar que el cerebro actual recuerde acontecimientos registrados por otro cerebro sería contradictorio.

Pero olvidar no significa perder la experiencia.

La Teosofía distingue entre memoria personal y memoria espiritual. La primera pertenece a la personalidad; la segunda estaría relacionada con la naturaleza profunda del Ego.

De este modo, una persona no necesita recordar que aprendió algo en una existencia anterior para manifestar actualmente una determinada capacidad.

El recuerdo puede sobrevivir como carácter en lugar de aparecer como una historia autobiográfica.

Las relaciones también participan en la Reencarnación

La doctrina tiene una consecuencia especialmente profunda para nuestras relaciones.

Judge sostiene que los seres humanos vuelven a encontrarse debido a las causas creadas conjuntamente.

Esto incluye tanto a quienes amamos como a quienes nos resultan difíciles.

Una enemistad no desaparece necesariamente porque termine una vida. Si existen causas pendientes, pueden volver a presentarse bajo nuevas circunstancias.

Pero aquí aparece una enseñanza ética extraordinaria.

La finalidad no sería repetir indefinidamente el conflicto, sino transformarlo.

Judge advierte que la falta de caridad hacia nuestros enemigos puede prolongar el problema. La reconciliación, por el contrario, modifica la dirección de la relación.

Desde esta perspectiva, incluso una persona difícil puede convertirse en una oportunidad para aprender algo que nuestra personalidad preferiría evitar.

La Reencarnación como ley de responsabilidad

La Reencarnación tampoco significa que todo esté predeterminado.

Precisamente porque existen vidas futuras, cada decisión presente importa.

El Karma proporciona las condiciones; nuestras respuestas a esas condiciones generan nuevas causas.

Por eso la pregunta teosófica no es únicamente: «¿Qué me ocurrió en el pasado?».

Es mucho más importante preguntar:

«¿Qué estoy haciendo ahora con aquello que la vida me ha dado?»

Esa pregunta devuelve al individuo su libertad y su responsabilidad.

Conclusión: no somos una vida que termina, sino una conciencia que aprende

La verdadera profundidad de la Reencarnación no está en descubrir quién fuimos en otra época.

Quizá esa curiosidad sea incluso una distracción.

La enseñanza de HPB y Judge apunta hacia algo mucho más exigente: comprender quién somos ahora.

Si nuestra identidad más profunda no depende del cuerpo, ni de la edad, ni de nuestra posición social, ni siquiera de la personalidad que actualmente consideramos «yo», entonces nuestra vida adquiere una dimensión completamente diferente.

No somos solamente el resultado de nuestro pasado.

Somos también la causa de nuestro futuro.

Cada pensamiento fortalece una dirección. Cada acción construye carácter. Cada relación puede perpetuar una discordia o comenzar a transformarla. Cada dificultad puede convertirse en resentimiento o en comprensión.

La Reencarnación, contemplada así, deja de ser una promesa de otra oportunidad para convertirse en una llamada a utilizar correctamente esta oportunidad.

No necesitamos recordar cien vidas para saber que hemos aprendido (muchos teósofos consideran peligroso la hipnotización para recordar vidas pasadas).

Basta observar aquello que somos capaces de hacer hoy y preguntarnos de dónde procede esa capacidad.

Y tampoco necesitamos conocer nuestra próxima existencia para comprender el Karma.

Basta reconocer que cada acto deja una huella en el ser que estamos construyendo.

Quizá ése sea el verdadero significado de la «doctrina de esperanza» de HPB: la vida no está cerrada por la muerte.

Pero tampoco está libre de consecuencias.

Tenemos tiempo.

Tenemos innumerables oportunidades.

Y precisamente por eso, tenemos una responsabilidad mucho mayor de la que una sola vida permitiría imaginar.






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Contenido del Curso, gratuito:

1.       Reencarnación
2.       Karma
3.       Los Maestros de Sabiduría, fuente de la Teosofía
4a.     La Mente y la Conciencia
4b.     La Mente Personal y Universal
5a.     El Cuerpo Astral
5b.     Los poderes del cuerpo astral
6.       Estados después de la muerte
7a.     El sueño y los sueños
7b.     Visiones y Meditación
8.       Ciclos
9a.     Evolución de la Mente y la Materia Cósmicas
9b.     Evolución de la Conciencia
10.     Leyes psíquicas




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