26 de marzo de 2023

El Guhyasamaja Tantra

 El Guhyasamaja Tantra




PANCHAKRAMA. 

LAS CINCO ETAPAS DEL ESTADIO DE LA PERFECCION. 


UN COMENTARIO SOBRE EL GUHYASAMAJA TANTRA. 

POR ARYA NAGARJUNA


1. La Repetición Vajra 

Los Budas perfectos enseñan este arte como una escalera, para quienes están estables en la etapa de la creación y ambicionan el estadio de la perfección. 

A la energía vital de los seres, que lleva a cabo todo el trabajo, se le llama aire. 

Es como el vehículo de la conciencia, quíntuple y décuplo en naturaleza. 

Al realizar la creación a través del mantra, se desarrolla la disciplina en la repetición vajra. 

 El Yogi que se mantiene en la repetición vajra, obtendrá el objetivo de la mente, permaneciendo en el samadhi ilusorio y la cumbre de la verdad lo purificará. 

Al elevarse de la cumbre de la verdad, alcanzará la intuición no dual. 

Permaneciendo en el samadhi de comunión, nada más hay que aprender. 

Este es el Yoga de la Perfección, del cual nace el gran Vajradhara, supremo en todo. 

Puesto que los tres estadios: pasado, presente y futuro se purifican por medio de la luz clara, él los ve todos instantáneamente. 

Estas verdades permanecen selladas en el glorioso Tantra de la Comunión. 

Se deberían comprender de la palabra de un mentor, de acuerdo con los Tantras Explicativos […] 

El Mentor superior no necesita examinar a quien se esfuerza con devoción en el servicio y la adoración, sino que debería darle su gracia. 

Quien cae de la cima de una montaña podría pensar: “no debo caer” y sin embargo cae. 

Aquel que obtiene la profecía útil, gracias a la bondad del Mentor, podría pensar: “Yo no debería ser liberado” y sin embargo lo es. 


2. El objetivo de la Mente 

¡Tributo homenaje y me postro! ¡Me inclino con homenaje! ¡Me inclino con homenaje, homenaje, homenaje! 

¡Ofrezco alabanzas y otorgo homenaje! 

¿Quién alaba y quién es alabado? 

Yo rindo homenaje a mi intuición. 

¿Cuándo entenderé que somos como agua vertida en el agua y mantequilla derramada en el fuego? 

Ahora, el yogi o la yogini perfeccionados deben explicar, claramente, la pureza de los tres vacíos como luz clara. 

Se le llama vacío universal a la pureza de las tres intuiciones, cuya morada es la realidad y la omnisciencia sin paralelo. 

Es inmutable, no aparece, es no dual y sumamente pacífica, trasciende la existencia, la no existencia y las palabras. 

Entonces, de la pureza de luz clara emergen las tres intuiciones. 

Una persona se convierte, así, en omnisciente, suprema en todos sus aspectos, dotada de los 32 signos auspiciosos y las 80 marcas. 

El Magnífico Sutra de la Diversión afirma:

Cuando Shakyamuni aceptó esta iluminación: el estadio nítido y trascendente, claramente pensó que la Budeidad era alcanzable desde el gran vacío. 

Se sentó a la orilla del río Nairanjana, en un samadhi inmóvil, entonces, los Vencedores llenaron todo el espacio de vajras, como si diseminaran el sésamo. Chasquearon sus dedos ante el Bodhisattva, hablando al unísono en una única voz. 

“Esta meditación no es perfección, por medio de ella no obtendrás lo último. Asimila la luz clara suprema como el reino del espacio. 

Al alcanzar el reino de luz clara, nacerás en el cuerpo de dicha absoluta. 

Entonces, en el cuerpo vajra extático, alcanzarás la maestría universal.” 

Cuando él oyó esa declaración, abandonó el samadhi inmóvil y en aquel momento, en la medianoche, el Bodhisattva vio la luz clara. 

El cuerpo no estaba erecto ni no erecto; no había exhalación ni inhalación; no habló ni estaba en silencio. Sus ojos penetrantes no estaban cerrados ni estaban abiertos. 

Entonces, gracias a la bondad del verdadero Mentor, él pudo contemplar claramente el vacío universal milagroso, la gran intuición, translúcida y cristalina. 

En un instante el vio los tres estados de la existencia: pasado, presente y futuro. 

La luz clara lo había purificado por medio del samadhi vajra y en el momento de la luz que antecede al alba, la excelencia de la ilusión mágica lo adornó, como la luna en el agua, un espejismo, etc. 

Entonces, sentado bajo el árbol de la iluminación, él conquistó a todos los diablos. 

 Así, el Sabio Shakya obtuvo la intuición genuina e insuperable. 

 Luego, a fin de ayudar y proteger a todos los seres, él manifestó esa realidad ahí mismo. 

 A esa iluminación, así manifestada, se le llama la intuición de la realidad. 

No es apego ni no apego, tampoco se aprehende entre los dos. 

No es vacía ni no vacía, tampoco se aprehende en el medio. 

La comunión de todos los Budas la proclama como esta realidad misma. 

La realidad más allá de las tres intuiciones se enseña a través del lenguaje intencional. 

De manera análoga, el verso: “No existe cosa alguna, etc.” enseña la naturaleza de la iluminación perfecta, desde el capítulo “Iluminacion” del Tantra de la Comunión Secreta. 

Y también La Dicha Gloriosa y Excelsa enseña la pureza del deseo. 

También el Uno Trascendente imparte esa misma realidad como vacío universal. 

Lo que los varios Sutras y Tantras enseñan como esa realidad, es simplemente este reino del vacío universal. 

 Las 84 mil enseñanzas impartidas por el Gran Asceta proclaman que esta naturaleza de iluminación perfecta es la esencia de la esencia.


3. El Poder Interno Propio (Auto-Ungimiento) 

Homenaje al Gran Vajra, Jefe de todos los vajras, inducido por el amor voy a explicar el propio poder real (auto-ungimiento). 

Primero: un individuo obtiene el ungimiento (o transferencia del poder) siguiendo la etapa de la creación, entiende la intención de las cuatro clases de Tantras, posee la sabiduría y el conocimiento del aislamiento físico, verbal y mental. Aspira intensamente a ambas realidades, propiciando, verdaderamente, al Maestro vajra. Al haber satisfecho al Mentor y realizado las grandes ofrendas en los ritos de grupo, ofrece, también, la propia joven cónyuge. Entonces, de la boca del Maestro recibe la instrucción privada relativa al desarrollo del propio poder, obteniendo, así, la iniciación secreta en unión con el rosario, el agua, el Buda perfecto, el vajra, la campana, el espejo, el nombre, la maestría y las iniciaciones del permiso. Entonces, hay que elogiar al Mentor con esta alabanza: 

“Tu cuerpo no tiene vacío interno, ni carne, ni huesos ni sangre; 

Es una manifestación útil, así como un arco iris en el cielo […] 

Homenaje al incondicional que eres.” 

Al haber loado al Maestro vajra con estas alabanzas, se debería rezar para que esté satisfecho con estos versos: 

“Tú, cuya sustancia es intuición omnisciente y purificas la rueda del ciclo de vida, ahora otórgame, bondadosamente, la diadema de todas las explicaciones. Abandono los lotos de tus pies y no tomo refugio en otro Señor. Que el héroe de los seres, el Gran Asceta, me conceda el genio supremo.”

Entonces, mientras él reza intrépidamente, el Gran Asceta oye estas palabras, siente compasión para con su discípulo y comienza el desarrollo del propio poder interno (auto-ungimiento). 

A fin de conocer la etapa del propio poder, hay que enseñar la realidad superficial, siendo, ésta, alcanzable sólo por la bondad del Mentor. 

Vanos serán los esfuerzos de aquel que, si bien haya estudiado los Sutras, los Tantras y los ritos, no descubre la etapa del propio poder interno. 

Quien alcanza esta etapa es, el mismo, el Señor, la esencia de todos los Budas, sin duda alguna alcanzará el Budado en esta vida. 

El samadhi del propio poder interno y también el reino de luz clara, en sus aspectos de causa y efecto, enseñan las dos realidades. 

Por medio de la etapa de desarrollo del propio poder interno se obtiene la luz clara. 

Por eso el Maestro Vajra enseña, primero, el desarrollo del propio poder (auto-ungimiento). 

Todos los seres están desprovistos de libre albedrío y no surgen independientemente. 

La causa del propio poder interno es la luz clara, la luz clara del vacío universal. 

Esa mente que vincula a los insensatos con las cadenas de la vida cíclica, es la misma que hace que el yogi y la yogini se dirijan al reino de los Señores de la Dicha. 

 Aquí no hay nacimiento ni muerte. 

Se debe entender que la vida egoísta reside en la naturaleza de la mente, la cual no es percibida sin el yoga de la respiración. 

Cuando la naturaleza de la mente crea, entonces se producen la evolución y el nacimiento. 

 Cuando esta mente controla, de verdad, las respiraciones, surge la conciencia triple como el cuerpo del yogi, llamado: “el cuerpo de ilusión mágica.” 

Esta es la razón por la cual se explica que todos los seres son “como ilusiones” y permaneciendo en el samadhi ilusorio todo se ve así. 

La forma y el sentimiento, la percepción y la creación, la conciencia como quinta, los cuatro elementos, el ojo, etc., los objetos y las cinco conciencias, divididas entre internas y externas, son fruto de la ilusión. 

Se debería entender que el cuerpo mágico es como una imagen reflejada en un espejo. 

Su color es análogo a un arco iris, su campo de acción, a la luna en el agua. 

Exento de ser y de la nada, es como el Vajrasattva bien proyectado, su apariencia se refleja claramente en la superficie impecable de un espejo. 

Es superior en todos sus aspectos, un cuerpo que nunca nos cansamos de mirar, se le enseña al buen discípulo y se le llama “el propio poder interno.” 

Así se entra en la adoración del ser. 

Uno mismo es todos los Budas y los Bodhisattvas. 

Entonces, habrá que esforzarse por adorar a sí mismo siempre. 

El Gran Sello de la gran dicha se alcanzará siguiendo a sí mismo. 

Quien no recibe de su Mentor la palabra privada del propio poder interno (auto-ungimiento), percibe la permanencia o la aniquilación, estando, así, propenso a la regresión. 

 Abandona toda clase de adoración, consagrándote, verdaderamente, a la del Mentor. 

Al satisfacerlo, obtienes la suprema intuición de la omnisciencia. 

El Mentor elimina el pecado. 

El Mentor disipa el terror. 

El Mentor conduce a un ser a la orilla distante de los terrores del océano de la miseria. 

El orgulloso refuta la etapa de la verdad. 

Quien desprecia el Dharma no debería recibir la enseñanza. 

 Aquel que es devoto al Mentor, es veraz en su habla, está versado en las enseñanzas, está concentrado y se comporta de acuerdo a sus promesas, debería recibir la enseñanza de esta etapa.


4. La Iluminación Universal 

Tributo homenaje al Héroe Vajra, Maestro del vacío universal. 

Explicaré el cuarto estadio de la iluminación directa. 

El Señor auto-existente, la única deidad de alma excelsa; Más grande que él es el Maestro Vajra, por otorgar las instrucciones personales. 

Al haberlo propiciado verdaderamente por un año o un mes, cuando el Mentor está satisfecho, adóralo lo más posible. 

El discípulo une sus palmas para agradar al Mentor con su adoración y alabanza.

  “Rindo homenaje a ti, el incondicionado, liberado de los tres reinos, ecuánime como el espacio e incorrupto por los deseos. 

Otórgame la visión de la iluminación directa, cuya naturaleza es el vacío universal.” 

El discípulo debería unir sus palmas, loar al Mentor y luego implorarle: 

“Gran Salvador, concédeme la visión de la iluminación directa, libre de evolución y nacimiento, más allá de las tres luminosidades” 

Entonces, el Yogi o la Yogini deberían satisfacer al Mentor, expresando sus excelencias. 

Así nace su compasión por el discípulo, presentándole esta etapa. 

La luna nocturna es luminosidad, la difusión de los rayos solares es resplandor. El intervalo es luminosidad inmanencia. Se pasa por estos no sólo una vez a través de los propios instintos naturales. Eso que no es noche ni día, ni intervalo, carece de esos instintos. Este es el instante de iluminación, la enseñanza suprema del Mentor, el objetivo del yogi y de la yogini. Este instante, un poco antes de la salida del sol, es lo inmaculado último de la realidad. En un momento, el yogi y la yogini obtendrán la serena dicha interna de la iluminación del Buda. 

Entonces, el yogi y la yogini alcanzan, así, esta realidad, obteniendo el cuerpo inagotable del único amigo de los seres, cuya naturaleza es animada e inanimada, el león-humano hecho de intuición, la causa de todos los seres. 

 Este cuerpo degradado se endereza, está firme y existe sin morada, sus ojos están totalmente abiertos aun cuando están cerrados, él está en trance aun cuando no medita. A pesar de que el yogi use las palabras, es inefable. Aunque tenga regocijos, no se apega y aunque sea el salvador del mundo, es el servidor de los otros. 

La esencia de todo, con el genio de la enseñanza inmaculada obtenida por medio de la bondad del Mentor, es clara y pura, extremadamente sutil, es paz natural y suprema, el reino del Nirvana del Buda. 

 El yogi y la yogini deberían meditar en esa realidad libre de nociones duales, la naturaleza de dicha constante. 

 Y, habiéndose liberado del bien y del mal, se convierten, aquí y ahora, en el Señor Vajrasattva.


5. Comunión 

Rindo homenaje al Protector, cuya naturaleza es causa y efecto, aunque abandone toda dualidad. 

Ahora explicaré la etapa final de la comunión. 

 Se le llama “comunión” al abandono de las dos nociones de vida egoísta y de liberación, las cuales se convierten en lo mismo. 

Al conocer que la adicción y la purificación son este mismo absoluto, Aquel que conoce esta identidad, conoce la comunión. 

El yogi y la yogini que tratan la noción de las cosas con sus formas y la noción de la nada, como lo mismo, conocen esta comunión. 

Aquel que conoce la llamada comunión no tiene una mente propensa a dividir los dos: sujeto y objeto, la cual está desprovista de tal diferenciación. 

Quien abandona las nociones de permanencia y aniquilación, es el sabio que conoce la realidad de esta etapa de comunión permanente. 

Se dice que posee la “comunión” quien sabe que la sabiduría y la compasión son uno y actúa de esta manera. 

Dicha etapa es la esfera de los Budas. 

El tiene el conocimiento concentrando, plenamente, la unificación del arte y de la sabiduría. 

Aquel que permanece en este gran yoga llega a tener dicha comunión. 

La naturaleza de la comunión consiste en estar exenta de las dos nociones de ausencia de existencia inherente personal y objetiva. 

Aquel que reúne el propio poder (auto-ungimiento) y la luz clara, se da cuenta de la etapa en que se conoce la realidad, éste es el estadio de la comunión. 

Se le llama “comunión” al punto de verdadera fusión entre lo superficial y lo absoluto, cada uno con sus aspectos. 

Cuando la percepción de la realidad misma surge en el cuerpo mágico, éste es el alcance de la comunión, la morada del yogi y la yogini inagotables.

El Maestro proclama que es comunión el abandono del estado de sueño y de vigilia, ser libre del sueño y de la vigilia. 

 Para quien todo lo anterior no existe y abandona (la idea de) algo y nada, es un yogi o una yogini que permanecen en comunión, libres de la atención y la inconsciencia. 

Teniendo un carácter constantemente existente, el yogi o la yogini que actúan como quieren, permanecen en la etapa de comunión. 

El manifiesta esta comunión libre de apego y de no apego, tiene el cuerpo de goce supremo y vive en el estado de samsara. 

La etapa de la creación es una cosa y la de la perfección es otra. 

Se le llama “comunión” donde estas dos convergen en una. 

Esta es la intuición no dual. El Nirvana sin ubicación. Es el Buda Vajrasattva mismo, el Señor Maestro de todo. 

 Las expresiones como “sin nacimiento”, que enseñan la intuición no dual, son todas expresiones de esto. Ahí no se explica otra cosa. 

 Los Budas, tan numerosos como las arenas del Río Ganges, estaban conscientes de esto y abandonando el ser y la nada, alcanzaron esta esencia del Gran Sello. 

Que todo el mundo practique este samadhi de comunión, esta quinta etapa suprema, gracias al mérito obtenido para enseñarla.

Ver texto en PDF aquí, página 67: EL-MISTERIO-DEL-BUDDHA.pdf (teosofiauniversal.com)