17 de septiembre de 2023

Las envolturas del Alma (WQJ)

 Las envolturas del Alma (WQJ)




En mi último artículo titulado “Mesmerismo,” llegué al punto donde descubrimos que el ser mortal interior posee diversas vestiduras mediante las cuales logra comunicarse con la naturaleza, percibiendo sus movimientos y mostrando en su retorno sus poderes y funciones. Es una doctrina tan antigua como cualquier Escuela Esotérica actualmente en existencia, y mucho más antigua que las academias científicas modernas. Es absolutamente necesario entenderla si queremos conseguir una comprensión adecuada del verdadero Mesmerismo. 

En lugar de ver al ser humano según su aspecto visible, se le debe considerar como un ser totalmente diferente que funciona y percibe de manera muy particular, obligado a traducir cada impresión tanto externa como interna de un idioma al otro, es decir: de imágenes en palabras, señales y actos o viceversa. Reconozco que tal declaración es vaga, sin embargo es verdadera. La vaguedad deriva de las dificultades de un lenguaje que hasta ahora ha tratado muy limitadamente estos temas, y cuyo desarrollo ha acontecido en una civilización totalmente materialista. 

El ser humano es un Alma, y como tal se encuentra entre cosas materiales. Dicha Alma, no sólo está recorriendo un sendero ascendente de por sí, sino que, al mismo tiempo, se ve obligada a elevar, refinar, pulir y perfeccionar, la llamada materia burda en la cual debe vivir. En realidad, aunque llamamos “materia” a los estados menos refinados de la substancia, ella está constituida por vidas que, en un futuro enormemente distante, tienen en sí la potencialidad de convertirse en Almas. Además, siendo el Alma una vida compuesta por otras más pequeñas, se encuentra bajo la fraterna necesidad de esperar, en los vínculos de la materia, un período suficientemente largo para impartir a ésta el correcto impulso a lo largo del sendero de la perfección. 

Así, durante las largas edades transcurridas desde que la actual evolución se originó en este sistema solar, el Alma ha construido para su propio uso diferentes vestiduras, partiendo de aquellas muy sutiles, cercanas a su ser esencial, hasta las que están más remotas, llegando finalmente al revestimiento físico externo, el más ilusorio de todos, aunque desde el exterior parezca ser verdaderamente real. 

Estas vestiduras, son necesarias si el Alma quiere conocer o actuar, ya que por sí sola no puede comprender completamente la naturaleza, mientras que, por medio de los diferentes revestimientos, transforma instantáneamente todas las sensaciones e ideas, hasta que en el proceso haya dirigido al cuerpo en el plano inferior, o haya logrado experiencia en aquello superior. Lo que quiero decir es que: cualquier cosa que el Alma origine, debe pasar a lo largo de las diferentes vestiduras, cada una de las cuales se comunica con la siguiente inferior. En el caso de sensaciones procedentes de los fenómenos naturales e impresiones externas, el proceso desde abajo hacia arriba se repite de manera análoga. 

Al principio de la evolución ésta, durante todos sus estados, necesitó una apreciable cantidad de tiempo solar, mientras que, en este punto del camino del sistema a lo largo de la línea de crecimiento, en los casos de personas normales y bien equilibradas, emplea un lapso tan infinitesimal que somos justificados al llamarlo instantáneo. Obviamente, existen ocasiones en las cuales es menester un tiempo más largo a causa de la acción más lenta de alguna de las vestiduras. Siete son los revestimientos del Alma bien definidos, pero las sub-diferenciaciones de cada uno, incrementan mucho este número. 

Aproximativamente hablando, cada uno se divide en siete y cada cual, en su serie de siete, participa de la naturaleza de su propia clase. Por lo tanto, podemos decir que existen 49 vestiduras del alma posiblemente clasificables. El cuerpo humano se puede considerar un revestimiento, cuyas subdivisiones son la piel, la sangre, los nervios, los huesos, la carne, la membrana mucosa y [...] El cuerpo astral es otra vestidura, aunque el individuo moderno no lo reconozca con tal facilidad. Este también tiene sus subdivisiones parcialmente correspondientes a las del cuerpo físico. Sin embargo, encontrándose en un estado superior al físico, una de ellas incluye numerosas subdivisiones en el  cuerpo. Por ejemplo, una de las subdivisiones astrales comprende, en superficie, las sensaciones sanguíneas, cutáneas, carnales y de la membrana mucosa. Exactamente en este punto, las Escuelas Esotéricas difieren de la patología y fisiología modernas y parecen contradecirlas. En realidad, la escuela moderna admite sólo la acción de los nervios a lo largo de la piel, de la membrana mucosa y de la carne, como receptores y transmisores de sensación. Pareciera que esta fuera la situación, pero los hechos al interno son diferentes o mejor dicho, más numerosos, conduciendo a conclusiones adicionales. 

Al mismo tiempo, chocamos con el siglo diecinueve en lo que concierne a la sangre, ya que decimos que las células de la sangre y el fluido en el cual flotan, reciben y transmiten sensaciones. Cada subdivisión entre los revestimientos físicos, no sólo efectúa la tarea de recibir y transmitir sensaciones, sino que posee también el poder de conservar una memoria de ellas, la cual se graba en el ganglio apropiado del cuerpo y de allí continuamente se plantea en el centro correspondiente de sensación y acción en el cuerpo astral. Al mismo tiempo, es un hecho común que el cerebro físico tenga el poder de reunir todas las sensaciones e impresiones físicas. 

Habiendo presentado todo ésto sin detenerme para argumentar, que resultaría ser en vano sin añadir demostraciones físicas, el próximo punto es éste. El ser inferior que reúne, por así decirlo, para el uso del Alma, todas las experiencias bajo de ella, una vez amaestrado puede, voluntaria o involuntariamente, cuando obligado por los procesos, el accidente o el anormal nacimiento, vivir en las sensaciones y las impresiones de uno o muchos de los diferentes revestimientos del cuerpo físico o astral. 

 Si el ser inferior está entrenado, no existirá ninguna ilusión, mientras que algún engaño momentáneo puede disiparse fácilmente. Si no está entrenado, la ilusión camina de la mano con las sensaciones. Si está enfermo u obligado, las acciones externas pueden ejecutarse correctamente, pero la inteligencia libre está ausente, por lo tanto, todos los engaños e ilusiones de los estados hipnóticos y mesméricos, suben a la superficie. Si el ser interno inferior, estuviera funcionando entre las sensaciones, o planos, si prefieren, de algún sentido o centro astral, aparecerán la clarividencia y clariaudiencia porque él está transmitiendo al cerebro aquellas impresiones derivadas de planos semejantes de la naturaleza en cualquier dirección. 

Además, al agregar a esto un toque parcial de algunas subdivisiones físicas menores de las vestiduras, la ilusión se hace aún más completa, ya que a la experiencia de un solo conjunto de células se le considera como el entero, y, mediante el cerebro, se le relata en el idioma empleado por un ser humano normal. En realidad, siendo las posibles combinaciones en esto departamento tan vastas, simplemente he mencionado un número muy limitado recurriendo a la ilustración. 

Esta posibilidad de que el ser interno inferior esté conectado con una o más de las vestiduras, y deslizado de todo el resto, ha conducido a una de las escuelas francesas de hipnotizadores, a concluir que todo ser humano es un conjunto de personalidades, cada una de las cuales es completa en sí. Este hecho no anula las posiciones anteriormente citadas, como se observó en París y en Nancy, según las cuales el sujeto en el estado hipnótico número 2, ignora todo sobre el estado número 1, ya que cada persona normal, al actuar de manera usual, combina a todos los grupos de sensaciones, experiencias y recuerdos en un todo único, la suma total del entero, que resulta ser irreconocible como uno de ellos distinto del resto. Al mismo tiempo, debemos tener presente que en vidas anteriores, cada persona ha seguido éste o aquél sendero de acción, en el cual ha amaestrado o desarrollado ésta o aquélla vestidura del Alma. 

 Aunque al momento de la muerte, muchas de ellas se disuelven como conjuntos integrales, el ser reencarnante no pierde el efecto de tal desarrollo que siguió anteriormente. Se halla preservado mediante las misteriosas leyes que guían a los átomos cuando se unen por el nacimiento de una nueva casa personal en la cual morará el Alma que retorna. Se sabe que los átomos físicos y astrales han pasado por toda clase de entrenamiento. Cuando el Alma se reencarna, atrae hacia sí estos átomos físicos y astrales que están lo más posible en sintonía con su antigua experiencia. 

A menudo, recibe nuevamente un poco de la misma materia que usó en su última vida. Además, si en la existencia anterior en la tierra, se ha prestado mucha atención en desarrollar los sentidos astrales, nacerá un médium, un verdadero vidente o sabio, dependiendo del gran equilibrio de las fuerzas de la vida anterior. Por ejemplo, una persona que en una encarnación pasada se dedicó totalmente al desarrollo psíquico sin filosofía o cometió otros errores, quizá nacerá como un médium irresponsable, mientras otro de la misma clase, puede resultar ser un clarividente parcial y totalmente indigno de confianza, y así sucesivamente hasta el infinito. 

Desde la remota antigüedad, se ha dicho que el nacimiento en una familia de verdaderos sabios devotos, es muy difícil. Tal dificultad se puede superar gradualmente estudiando la filosofía y mediante el esfuerzo altruista hacia los demás, junto a la devoción al Ser Superior buscada durante muchas vidas. Cualquier otra clase de práctica conduce sólo a una perplejidad adicional. (Aquí termina el artículo de W.Q.Judge. 

Según la explicación de los editores de la revista “Lucifer,” aparecida en un número subsiguiente: “Un párrafo extraído de Plotino acerca del suicidio, que debía simplemente llenar algunas líneas, fue accidentalmente insertado sobre la firma del señor Judge, como si fuera parte de su artículo.”) Una conversión a las pasiones corporales ata el Alma al cuerpo, la cual se puede liberar convirtiéndose en indiferente a los ruegos de este último. Lo que la naturaleza vincula, ella misma lo disuelve y lo que el Alma ata, el Alma misma lo desata. En verdad, la naturaleza ató el cuerpo al Alma, pero Ella se vincula al cuerpo. Por lo tanto, la naturaleza libera el cuerpo del Alma, sin embargo, el Alma se libera del cuerpo. En consecuencia, acontece una doble muerte: aquella universalmente conocida, en la cual el cuerpo se libera del Alma y la otra, peculiar a los filósofos, en la cual el Alma se libera del cuerpo. Tampoco la una sigue completamente a la otra. 

 William Q. Judge. Lucifer, Junio 1892

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