El Karma Nacional según Blavatsky y W.Q.Judge



Introducción

 En la Teosofía Original de H. P. Blavatsky y William Q. Judge, el Karma no pertenece únicamente al individuo. También puede manifestarse en familias, razas, pueblos y naciones. Una nación, desde esta perspectiva, no es solamente un territorio, un Estado o una estructura política, sino una colectividad de Egos cuyas acciones, pensamientos y tendencias contribuyen a crear determinadas causas que pueden producir efectos a lo largo de generaciones.

Esta concepción permite contemplar la historia desde una perspectiva muy diferente de la habitual. Las guerras, las conquistas, las crisis, la decadencia de las civilizaciones y el nacimiento de nuevos pueblos pueden formar parte de procesos kármicos de enorme duración. Sin embargo, Blavatsky y Judge no presentan el Karma como un castigo impuesto por una divinidad. Es una ley impersonal de causalidad y equilibrio.

El Karma nacional según William Q. Judge

William Q.Judge desarrolla esta cuestión de manera especialmente explícita en The Ocean of Theosophy. Después de explicar que el Karma opera sobre individuos, familias y razas, afirma:

“Nations cannot escape their national karma.”

Es decir: las naciones no pueden escapar de su Karma nacional. Judge añade que una nación que haya actuado de manera injusta tendrá que afrontar, tarde o temprano, las consecuencias correspondientes. Entre las posibles manifestaciones del Karma nacional menciona la guerra, el hambre y las grandes convulsiones colectivas.

Pero esta enseñanza no debe interpretarse como una simple ley de castigo. Para Judge, el sufrimiento colectivo procede de las causas generadas por los propios Egos que forman una raza o una nación. La colectividad crea causas y, posteriormente, esas causas encuentran las condiciones apropiadas para producir sus efectos.

Aquí aparece una de las ideas más profundas de la doctrina: las naciones pueden desaparecer, pero los Egos continúan. Una civilización puede extinguirse como entidad histórica y, sin embargo, las almas que la componían pueden continuar su evolución en otras naciones y circunstancias.

El conquistador y el conquistado

Esta doctrina tiene consecuencias particularmente interesantes cuando se aplica a las conquistas y guerras.

Judge explica que los Egos no permanecen eternamente ligados a una determinada nacionalidad. Por medio de la reencarnación pueden cambiar de cuerpo, familia, pueblo y posición histórica. Así, las categorías de conquistador y conquistado no son permanentes desde la perspectiva de la evolución del Ego.

El ejemplo que Judge utiliza para ilustrarlo es el de los pueblos indígenas de América. En su explicación del Karma nacional plantea que los Egos de los pueblos sometidos pueden posteriormente renacer dentro del pueblo conquistador y participar desde esa nueva posición en las consecuencias de las causas generadas anteriormente.

Esto transforma radicalmente la idea de justicia histórica. No se trataría simplemente de que «un pueblo sea castigado por otro», sino de que los propios Egos atraviesen, a través de diferentes encarnaciones, circunstancias históricas cambiantes.

Por ello, desde esta perspectiva, conquistador y conquistado pueden intercambiar sus posiciones a lo largo de ciclos históricos.

Blavatsky y la ley de Karma

H. P. Blavatsky presenta el mismo principio desde una perspectiva más filosófica. En The Secret Doctrine, Karma aparece como una ley de equilibrio y causalidad, no como una divinidad que premia y castiga arbitrariamente.

Una de sus formulaciones fundamentales sostiene que:

“Karma is no more than the effect of the dynamic (spiritual) causes…”

La consecuencia esencial es que las propias acciones humanas participan en la construcción del futuro. Karma-Némesis no sería un juez externo, sino la expresión de las consecuencias de las causas puestas en movimiento por los seres humanos.

Esto también se aplica a las colectividades. Las decisiones de los individuos, cuando se acumulan y se convierten en tendencias sociales, políticas o culturales, pueden contribuir a formar el destino histórico de una nación.

El «Karma de Israel»

Uno de los conceptos más llamativos de Blavatsky es su referencia al «Karma de Israel». En la introducción de The Secret Doctrine utiliza esta expresión al hablar del desarrollo histórico de Occidente.

Judge desarrolla posteriormente una formulación todavía más explícita al afirmar que:

“The karma of the nineteenth century in the West is the karma of Israel.”

Con ello no quiere decir simplemente que los acontecimientos occidentales sean responsabilidad de los judíos contemporáneos. Su argumento es histórico y religioso: considera que la tradición mosaica ejerció una influencia enorme sobre las civilizaciones europeas y americanas, especialmente a través del cristianismo.

Por tanto, una causa originada en una tradición histórica concreta puede extender sus consecuencias mucho más allá de la comunidad que originalmente la produjo. El Karma puede propagarse a través de instituciones, ideas, religiones y civilizaciones.

Esto resulta esencial para comprender la concepción teosófica del Karma colectivo: no es necesariamente el karma de una etnia, sino el karma de una corriente histórica de la que participan muchas generaciones y pueblos diferentes.

El individuo frente al Karma de la nación

Judge introduce además una advertencia fundamental. En sus Aphorisms on Karma afirma que el Karma nacional actúa sobre los miembros de una nación mediante una ley de distribución. Sin embargo, también advierte que ningún ser humano ordinario puede conocer completamente el Karma de otra persona (únicamente los Maestros de Sabiduría conocen los detalles de la Ley del Karma).

Por ello, no sería correcto afirmar que cada ciudadano merece individualmente todo lo que le sucede a su país.

Una persona puede encontrarse dentro de una nación que atraviesa una guerra o una profunda crisis sin que podamos conocer las causas exactas de su situación individual. El Karma nacional y el Karma individual se entrelazan, pero no son idénticos.

Karma nacional y libertad

Esta doctrina tampoco significa que el destino de una nación esté absolutamente predeterminado. Judge sostiene que las causas kármicas ya puestas en movimiento pueden continuar hasta agotarse, pero también afirma que los pensamientos y actos pueden modificar o mitigar sus efectos (las acciones y pensamientos positivos neutralizan karma negativo).

Una nación, por tanto, no solamente recibe Karma: también está creando Karma constantemente.

Cada generación participa en la construcción del futuro.

Una sociedad puede perpetuar la violencia, la injusticia y la dominación, o puede introducir nuevas causas mediante la cooperación, la justicia y la fraternidad.

Conclusión: la Historia como escuela del Karma

La concepción de Blavatsky y Judge conduce finalmente a una reflexión filosófica profunda: ninguna posición histórica es eterna.

El conquistador puede convertirse en conquistado. El poderoso puede convertirse en débil. Una civilización que hoy parece indestructible puede desaparecer, mientras los Egos que la formaron continúan su evolución bajo otras circunstancias.

Pero esto no significa que exista una simple ley de venganza histórica.

El Karma es más profundo que la venganza porque no pregunta simplemente quién venció y quién perdió. Pregunta qué causas fueron creadas y qué aprendizaje exige su consecuencia.

Desde esta perspectiva, la Historia no es solamente una sucesión de imperios, guerras y fronteras. Es también un escenario donde los seres humanos crean continuamente las condiciones de su futuro.

Y quizá ésta sea la enseñanza más profunda del Karma nacional: ningún pueblo debería contemplar su poder como permanente, ni su sufrimiento como definitivo. Las naciones cambian, las fronteras cambian y los papeles históricos cambian; pero la ley de causa y efecto continúa.

El verdadero desafío de una civilización no sería, por tanto, evitar para siempre las consecuencias de su pasado, sino dejar de crear las causas que producen sufrimiento en el futuro.

Para la Teosofía Original, la fraternidad universal no es solamente un ideal moral. Es también una necesidad kármica: si todos los seres están unidos por la reencarnación y por la ley de causa y efecto, el daño que una colectividad inflige a otra no desaparece simplemente porque pasen los siglos.

La Historia puede olvidar; el Karma, según Blavatsky y Judge, no.

Anónimo.

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