La Iglesia Católica inventó el "diablo" y el "infierno".
En el texto de Isis sin velo, Tomo 3, H.P.Blavatsky expone una crítica sobre cómo el cristianismo dogmático se distanció del mensaje original de Jesús y de sus apóstoles al introducir los dogmas del diablo y del infierno eterno como herramientas de control eclesiástico.
A partir de reflexiones de autores como Max Müller, se señalan los siguientes puntos clave:
Inexistencia de un infierno y diablo absolutos en la antigüedad: Ni los pueblos arios ni las religiones antiguas (como la mitología germánica, el Amenti egipcio, el Hades pagano o las tradiciones hindúes) concibieron un demonio o un lugar de castigo eterno; sus infiernos eran estados temporales de purificación, juicio o etapas intermedias donde siempre cabía la redención.
Origen de los términos e interpretaciones: La Gehenna bíblica era un lugar físico extramuros de Jerusalén usado de forma metafórica. Las expresiones hebreas traducidas como «por los siglos de los siglos» o «fuego eterno» (como ulam) no significan una duración infinita, sino periodos de tiempo prolongados o limitados en el tiempo. Asimismo, esotéricamente, el «diablo» simboliza la naturaleza física o egoica del hombre.
Alegorías malinterpretadas: Pasajes como los del Apocalipsis o la ubicación del infierno en el sol (planteada por teólogos como Swinden) derivan de una mala interpretación de alegorías pitagóricas y cabalísticas, donde el sol representa la esfera de purificación o el sistema heliocéntrico reservado a los iniciados.
Uso dogmático del miedo: La teología cristiana creó el dogma del tormento eterno y del diablo para mantener el poder sobre la humanidad y sostener la estructura de la Iglesia, rechazando interpretaciones como las de Orígenes o de los neoplatónicos que defendían la purificación final de todas las almas.
Isis sin velo. Tomo 3. y Obras de HPB.
Enlace del texto : Isis sin velo Tomo III (teosofiauniversal.com)
Anónimo.

