22 de noviembre de 2023

La poderosa conciencia

 La poderosa conciencia


Extracto de "Por las Puertas de Oro" Mabel Collins

Si cuidadosamente estudiamos la constitución del hombre y sus tendencias, observaremos como si en él existiesen dos direcciones definidas en cuyo sentido se desarrolla. Es como un árbol que clava sus raíces en la tierra, al paso que lanza sus tiernas ramas a los cielos. 

Estas dos líneas que parten desde el punto central y personal, son para él, claras, definidas e inteligibles. A la una le llama bien, a la otra mal. Pero el hombre no es, según ninguna analogía, observación o experiencia, una línea recta. Su vida, su progreso, su desarrollo, llámese como se quiera, no consiste meramente en seguir un campo recto u otro, como pretenden los afiliados a las Religiones. 

La cuestión, el gran problema, seria entonces fácil y estaría completamente resuelto. Pero no es tan fácil ir al infierno como dicen los predicadores. Es una empresa tan difícil como encontrar el camino hacia las Puertas de Oro

Puede un hombre estar sumido por completo en los placeres sensuales, puede al parecer degradar su naturaleza entera; a pesar de todo no se convierte en un perfecto diablo, porque todavía la centella de la Luz Divina en su interior permanece. El pretende elegir el ancho camino que a la destrucción conduce, y  empieza valientemente su temeraria carrera. Pero muy pronto se siente sobrecogido, refrenado por alguna de las muchas otras radiaciones que parten del centro de sí mismo. Sufre, como el cuerpo sufre cuando desarrolla monstruosidades que impiden su acción saludable. Él ha creado el dolor, y se ha encontrado con su propia creación. Podrá parecer que este argumento es de difícil aplicación respecto al dolor físico. 

No es así si el hombre es considerado en un plano mucho más elevado que el que nosotros generalmente ocupamos. Si se le mira como a una poderosa conciencia, que origina sus manifestaciones en armonía con sus deseos, es evidente entonces que el dolor físico resulta de la deformidad en aquellos deseos. 

Sin duda alguna, esta concepción del hombre parecerá a muchas inteligencias en exceso gratuita, y que lleva consigo un salto mental demasiado grande, hacia aquellos lugares desconocidos en que la prueba no es posible obtenerla. Pero si la mente se acostumbra a considerar la vida desde este punto de vista, entonces, muy pronto, ningún otro es aceptable; los hilos de la existencia, que al observador puramente materialista, aparecen sin remedio confundidos, se separan y rectifican, tan pronto como una nueva forma de comprensión ilumina al universo. 

El arbitrario y cruel Creador que a capricho inflige el dolor y concede el placer, desaparece entonces de la escena; y es lo que debe suceder, porque ya es un carácter innecesario, peor todavía, es ya un muñeco de paja, que no puede después de todo erguirse sobre las tablas, sin que por todos lados los dogmáticos le sostengan. 

El hombre viene a este mundo, seguramente, por la misma razón que vive en una ciudad de la tierra o en otra; y después de todo, si es una exageración el decir que esto es así, puede uno con toda seguridad preguntar: ¿Por qué no es así? o existen para ello razones ni en pro, ni en contra a las que el materialista pueda apelar, o que sean de peso, ante un tribunal de justicia. Pero yo aseguro en favor del argumento, que ningún hombre, habiendo una vez considerado seriamente lo anterior, puede volverse atrás hacia las teorías formales de los escépticos. Sería lo mismo que si en pañales se envolviese de nuevo.

Concedido, pues, en consideración al argumento, que el hombre posee una poderosa conciencia, que es su propio creador, su propio juez, y en cuyo interior existen las potencialidades de toda vida, hasta el objetivo final; permítasenos entonces considerar, por qué él mismo es quien se causa el sufrimiento.

Si el dolor es el resultado de un desarrollo desigual, de un crecimiento monstruoso, de un adelanto imperfecto en diferentes puntos, ¿Por qué no aprende el hombre la lección que esto le enseña, y no procura desarrollarse por igual?.

(...)

Lo primero que necesariamente debe hacer el alma del hombre con objeto de lanzarse a esta gran empresa, para descubrir la verdadera vida, es lo mismo que ante todo hace el niño al desear la actividad de su cuerpo, debe ser capaz de mantenerse en pie, claro es que el poder mantenerse a pie firme, de equilibrio, de concentración, de rectitud en el alma, es una cualidad de un carácter sobresaliente. La palabra que más gráficamente describe esta cualidad es “confianza”. 

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